miércoles, 2 de junio de 2010

Crónicas de un Lector, Sebastian Jorgi para el suplemento de Pregon, de Jujuy


Amores de lejos, Eduardo Balestena, Corregidor.
-"En la música se encuentran las cosas perdidas"-

Cuathemoc –desde Comala, México—le escribe a Ainhoa, que vive en Mar del Plata. Es un amor virtual que se va tejiendo a medida que avanza el acontecer, que por esta virtualidad, no deja de ser encendido, fogoso y de mutua correspondencia. Ella que transita noches frías por la 39 en Mar del Plata, le contesta, “qué sola que estoy para aferrarme a esto” se dice, entre otras cosas como “en la música se encuentran las cosas perdidas”. Y sí: Balestena despliega todas sus adhesiones musicales y ahí aparecen Manuel de Falla, Washington Castro, Schubert y alguna canción de Joaquín Sabina. Como para aderezar una novela de corte epistolar, estructurada en 11 capítulos, expandida en 252 páginas, que, además, ofrece en muchos pasajes una textura poética.Y esto hay que señalarlo : rompe con una linealidad y enmarca espasmos sociales(la época del 2001 y 2002, en que Argentina se desgarra y está en bancarrota), logrando un equilibrio entre los espacios de intimidad—cartas, catarsis de costumbres—y la inserción intertextual—las citas a principio de capítulo y las menciones de lecturas de Marco Denevi y Un pequeño café o las menciones de grandes narradores como Juan José Millás o Manuel Vincent.
Quiero decir: el soporte cultural es genuino. Eduardo Balestena es un gran lector y basta con citar el famoso libro de Michel Butor, La modificación. Novela objetiva, novela de la mirada, que si nos detenemos a pensar—luego de una segunda lectura de Amores de lejos—una coherencia en el sentido del procedimiento, de apelación a la otra o al otro, al tú, a ese segunda persona que recibe la carta. De apelación de Ainhoa, esa trabajadora social que va del Pago fácil al Banco Provincia o se detiene en la escollera sur con su moto…Pero esta asociación corre por mi cuenta, en esta novela que podríamos llamar poliédrica, donde a través de esos dos rostros en el carteo amoroso, se reflotan otras caras de una sociedad a veces corrupta, a veces cínica. Tras el tono experimental, afloran otras lecturas íntimas, acaso, visiones o mejor, miradas profundamente críticas del autor ante un mundo en crisis.
Me imagino releer esta novela “ con una música de fondo del Gato Barbieri”, a un costado un poema de Emily Dickinson, o disfrutarla en una cafetería de la costa de Mar del Plata.

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