sábado, 25 de diciembre de 2010

Osvaldo Bayer y Bruno Nápoli: crónicas y bibliotecas en la sexta feria del libro






Libros, anécdotas, el latido interno de la historia fueron traídos a la sexta Feria del libro por Osvaldo Bayer, acompañado por Bruno Nápoli, historiador y docente de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo y autor de numerosos trabajos, uno de ellos sobre Bibliotecas Populares, el tema inicial de la charla que brindaron.
El colegio Amuyen
El salón de usos múltiples del Colegio Cooperativo Amuyén lleva el nombre de Osvaldo Bayer. Ese es el lugar donde nuestros hijos hacen música, ciclos de cine debate, actividades del Centro de Estudiantes y construyen su pensamiento hacia lo social en un ámbito educativo que los forma en la participación.
Fue precisamente uno de los padres de alumnos, Leonardo Fernández, e Inés Canale, del personal directivo del colegio quienes posibilitaron el contacto, que fue posible gracias a la predisposición de los ponentes para estar en la feria del libro, haciendo un espacio en una agenda muy nutrida.
El triunfo de la verdad
La colmada sala Rodolfo Walsh, como si el propio nombre fuera un símbolo, fue el escenario donde se habló de bibliotecas, sí, pero también de derechos humanos. Estaban varias Madres de Plaza de mayo y otras personas que trabajan activamente en ese campo.
Osvaldo Bayer habló y leyó fragmentos de algunas de sus obras, uno de ellos escrito en 1992 que tomaba la cita de Adorno quien reflexiona en que luego de Auschwitz ya no es posible la poesía. Sin embargo, en plena fiesta menemista, época de indultos, cuando la ESMA era sólo una presencia urbana más que parecía no importar, las madres (un movimiento sin precedentes en el mundo) eran un recordatorio viviente de los años duros.
Es inevitable pensar en los derechos humanos como un espiral: aquellos nombres de los hábeas corpus en la dictadura, desestimados por la justicia, repetidos en las causas de la CONADEP, luego dejados atrás por las leyes de punto final y obediencia debida y los indultos, hoy también son dichos, pero en marco de causas por delitos de lesa humanidad en las que se aplican las normas del Derecho Internacional de los Derechos Humanos; causas en las cuales los represores están siendo condenados y en las cuales otros, que sirvieron como estructuras paramiltares primero y en inteligencia del ejército después están presos o prófugos.
Es inevitable pensar también en el concepto del triunfo del tiempo y la verdad que es un motivo muy presente por ejemplo en la pintura.
Yendo más allá, recordamos a Gastón Gori y su libro La Forestal, sobre el que se hizo la película Quebracho, y que cuando se publicó Los vengadores de la Patagonia Trágica y fue estrenada la película La Patagonia Rebelde, de la que Bayer fue guionista, hubo voces que justificaron la represión. En aquella oportunidad fue un tema hasta entonces ignorado el que se instaló en el debate público.
Al final del segundo tomo, en la edición de 1974, se lee: “Dijimos en la introducción a la primera parte de esta investigación que la verdad era muy cruda…Todavía el tiempo no ha destruido todo, no perdamos la oportunidad. Puede ser una tarea de las cátedras de historia o de las universidades nacionales, o de la justicia misma…o de uno de los principales involucrados, el Ejército Argentino”.
A estas palabras le sucedió la prohibición de la película, a los pocos meses de su estreno, la destrucción de la edición del libro y el exilio de Osvaldo Bayer. En cuanto al Ejército Argentino, ya sabemos la tarea que le cupo en los años por venir, así como la que tuvo en muchos casos la justicia.
Hoy es un tema histórico, hoy las tumbas masivas están delimitadas y son un recordatorio de la feroz represión, el gallego Outerello y Facón Grande y los fusilados de la estancia la Anita tienen sus monumentos. A veces, gracias a la militancia la verdad a la larga triunfa, aunque el precio sea muy alto.
El intelectual y su compromiso
No fue el único fragmento que leyó. Lo hizo con otros, rescató los nombres de las meretrices que se negaron a atender, en el prostíbulo de Río Gallegos, a los soldados que habían asesinado a centnares de obreros: “Jamás creció una flor en las tumbas masivas de los fusilados; sólo piedra, mata negra y el eterno viento patagónico. Están tapados por el silencio de todos. Sólo encontramos esta flor, este gesto, esta reacción de las pupilas del prostíbulo ‘La Catalana’, el 17 de octubre de 1922. El único homenaje a tantos obreros fusilados”.
Osvaldo Bayer dedicó siete años a investigar por primera vez las huelgas patagónicas, el movimiento obrero y la represión. Como en todas las veces, lo hizo consultando documentos, entrevistando a quienes estuvieron vinculados a los hechos históricos. No es la suya precisamente la figura del intelectual solitario y aislado. Es su trabajo, es la historia, es la filosofía, es lo grupal, es lo itinerante su centro, el de su producción, de su actitud ante la vida y ante el saber. Su figura no gira en torno a él, sino a lo que hace; como poca gente, es callado y tiene el don de escuchar. En su actitud, humilde y atenta, no se propone nunca ser el centro de la reunión pero lo es por muchas cosas: por sus anécdotas, por la gracia que tiene para contar ciertas cosas, por su amenidad y porque lleva en sí retazos de historia, siendo, como fue, coetáneo y amigo de escritores como Paco Urondo.
Mucha gente se acercó a él, varios con primeras ediciones de sus libros, libros con páginas amarillentas. Muchas veces los intelectuales imponen distancia, desde la altura de la figura que han construido o ha sido construida con ellos. En el caso de Bayer es lo opuesto: se siente admiración para con él, pero también un entrañable cariño, porque es además el símbolo de una actitud, ética y combativa, en un mundo donde parece no haber valores ni firmes ni seguros. Quizás por eso nos aferremos a él y a lo que significa.
Así como fue un referente para su generación, la de Rodolfo Walsh o Paco Urondo, lo fue para la nuestra y ahora lo es para la de nuestros hijos que leen sus libros con la misma pasión con la que los leímos –y releemos- nosotros. Eso habla de su vigencia.
En un mundo líquido, que fluye y se escurre en la imagen, la presencia de la historia, de la lucha, de los derechos humanos parece no sólo posible sino también algo sólido, un lugar podemos tener la esperanza de que nuestros hijos sigan construyendo su pensamiento crítico con un referente hondo y significativo como Osvaldo Bayer.







Eduardo Balestena
http://lapalabrainconclusa-literatura.blogspot.com

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