martes, 29 de septiembre de 2026

¿Qué significa llegar al “corazón del mundo”?


 

¿Qué significa llegar al “corazón del mundo”?

El corazón del mundo. Ensayos sobre Germán Rozenmacher y Marco Denevi,
de Eduardo Balestena.
Editorial Biblos, colección Teoría y Crítica, 2025, 266 páginas.

 

¿Qué significa que una obra llegue al “corazón del mundo”? La clave parece estar sugerida desde las primeras páginas de este libro, en el epígrafe tomado de El gato dorado, de Germán Rozenmacher, uno de los dos relatos que Balestena analiza en la primera parte. Allí, “el artista mencionado” aparece como una “voz de todos”, y su música como una experiencia capaz de reunir aquello que estaba disperso.

Esta imagen como título del libro me invita a pensar en aquello que sucede cuando una obra consigue que una historia particular diga algo que la trascienda. No se trata entonces solamente de contar una historia, sino de que, a través del lenguaje, esa historia pueda abrirse hacia algo que la excede y que alcanza al lector.

Pero ¿cómo consigue la literatura ir más allá de la historia que cuenta y alcanzar aquello que todavía resulta difícil de nombrar? Este interrogante nos acompaña durante el recorrido de El corazón del mundo. Ensayos sobre Germán Rozenmacher y Marco Denevi, de Eduardo Balestena, donde se analizan dos cuentos de Rozenmacher y una selección de textos de Denevi, “dos escritores muy diferentes entre sí, pero unidos por una concepción del lenguaje como una fuerza que puede desbordar la historia que inicialmente parece llamada a contar”.

El libro vuelve sobre ese interrogante desde un planteo más preciso:  ¿es el lenguaje una herramienta al servicio de una historia previamente concebida o puede convertirse en una fuerza creadora capaz de conducir la narración hacia territorios que el propio escritor no había previsto?

A partir de este planteo, Balestena explora la tensión entre aquello que el escritor proyecta y aquello que la propia escritura, mediante sus procedimientos, termina produciendo.

En Rozenmacher, esa exploración aparece vinculada con la precisión, la identidad y una particular originalidad narrativa. Balestena analiza El gato dorado y Blues en la noche para observar cómo determinados procedimientos ponen en tensión lo real, lo fantástico, la búsqueda y el confinamiento. En El gato dorado, por ejemplo, lo fantástico permite expresar aquello que el realismo no consigue nombrar. El itinerario del personaje, guiado por el gato, conduce hacia una búsqueda cuyo objeto permanece inalcanzable. El relato se construye así alrededor de un límite que se intenta atravesar y finalmente permanece clausurado. En Blues en la noche, la dinámica se desplaza hacia el confinamiento y la imposibilidad de escapar.

Con Denevi, Balestena lleva la investigación hacia otra dimensión. Su obra es presentada como una experiencia del lenguaje en la que las ideas y el contenido humano funcionan como herramientas para producir puntos de tensión, expansión y resolución. Rosaura a las diez constituye un verdadero laboratorio: los cinco narradores, sus diferentes perspectivas, la información dosificada y las contradicciones permiten mostrar cómo una historia se construye progresivamente ante el lector y cómo cada voz modifica lo que creíamos saber.

A partir de allí, el recorrido por otras obras permite seguir la recurrencia y transformación de problemas como el confinamiento, la frustración, la metáfora, la imposibilidad de conocer al otro y los límites de lo expresable. En Reproches a Luisilda por haber salido en 1945 sin anteojos, el análisis se concentra en la consolidación y expansión de una tópica y en una liberación imposible; en Ceremonia secreta, en la construcción de un universo autónomo y en los recursos del narrador; en Un pequeño café, en los mecanismos de tensión y los planos de la narración; en Variación del perro, en la metáfora y la posibilidad e imposibilidad de acceso a lo real. Más adelante, Asesino de los días de fiesta, Hierba del cielo, Los locos y los cuerdos, Reunión de desaparecidos y La noche de los amigos permiten ampliar esa exploración hasta llegar a Manuel de historia, donde aparece una pregunta que parece reunir buena parte de la investigación: ¿cuándo comienza la historia?, ¿cuándo termina?, ¿quién la escribe?

La secuencia de lecturas no funciona, entonces, como una acumulación de análisis. Cada obra agrega una nueva pregunta a la anterior, y el estudio se va complejizando a medida que avanza. Cada nuevo texto le permite detenerse en determinados procedimientos, observar sus relaciones y mostrar cómo intervienen en la construcción del relato.

A través de Rozenmacher y Denevi, ese desplazamiento aparece una y otra vez: una historia particular termina abriendo preguntas que la trascienden. Balestena los pone en diálogo porque, siendo tan distintos, permiten explorar el mismo problema desde dos territorios narrativos diferentes.

Un aspecto especialmente interesante para el lector es observar cómo, a medida que avanza en sus análisis, Balestena nos lleva a preguntarnos por qué un escritor eligió determinada voz, por qué dosifica una información, qué provoca un cambio de perspectiva o cómo un recurso aparentemente pequeño puede modificar toda una narración. El libro permite asistir así a una práctica de lectura: observar los mecanismos de una obra, relacionar sus procedimientos con sus efectos y construir, a partir de esos indicios, una interpretación.

Mi acercamiento a la obra de Balestena comenzó en 2023, a partir de distintos trabajos con Las piezas que arman el mundo (2021), El centro del desierto (2020) y Las llaves de ese secreto (2022). Tuve también la valiosa experiencia de compartir con el autor el dictado de una clase sobre intertextualidad. Esas experiencias fueron familiarizándome con una particular manera de presentar sus trabajos, en la que hace partícipe al lector. En El corazón del mundo, como en otros de sus libros de ensayos, no solo ofrece sus interpretaciones, sino que hace visible el camino mediante el cual esas interpretaciones se construyen.

Su modo de leer nos enseña a mirar. Al analizar una voz narrativa, una metáfora, un desplazamiento, una secuencia o un personaje, el autor no se limita a identificarlos: reconstruye la función que cumplen dentro de la obra, las relaciones que establecen con otros elementos y los efectos que producen en la experiencia del lector.

Para quienes escribimos, esta perspectiva resulta especialmente estimulante. Los procedimientos narrativos comienzan a percibirse como decisiones capaces de producir una experiencia determinada en quien lee. EL autor muestra que una obra puede ser estudiada no solo por lo que cuenta, sino por las operaciones mediante las cuales consigue contarlo.

El corazón del mundo es, por eso, más que una reunión de ensayos sobre dos escritores. Es también la exposición de una práctica crítica en la que Balestena hace visible el trabajo mediante el cual una obra revela sus mecanismos. Después de acompañarlo en este recorrido, resultará difícil volver a considerar una historia solamente como una sucesión de acontecimientos. Empezaremos a mirar las decisiones que la sostienen.

Y es precisamente en esa zona de incertidumbre, entre lo que el escritor proyecta y aquello que la escritura termina produciendo, donde Balestena encuentra el corazón de la literatura.

 

Sonia Fabiola Demitrópulos
 Cosquín-Córdoba-Argentina
 14-9-2026

jueves, 27 de agosto de 2026

Juventud que salva


 

El filme 23.000 vidas, de Markus Goller (Alemania, 2026) ha puesto en la atención pública el verdadero genocidio que son las muertes de refugiados que se aventuran en balsas en el mar Mediterráneo, forzados a huir de sus países por encontrarse allí en riesgo sus vidas, para lo cual deben afrontar travesías en balsas en condiciones inhumanas.

 

El verano de la inmigración y su abrupto final

Lo que narra el filme es la historia de un grupo de jóvenes que, luego de cerrado el verano de la inmigración, en 2015 (circunstancia que menciona la periodista Geraldine Schwartz en su libro Los Amnésicos, una exhaustiva investigación acerca de los Mitläufer, que en términos de nuestro idiolecto serian quienes actúan obedeciendo la consigna de “no te metás”).

La autora franco-alemana señala que al abrir las fronteras de Alemania a refugiados que huían de la devastadora guerra civil de Siria, la canciller Angela Merkel habían derribado nuevamente un muro, como el que había caído en 1989; se trataba de refugiados “cansados de jugarse la vida a la ruleta rusa, de ser los rehenes del azar de las bombas, extenuados de haber excavado  tantas veces bajo los escombros de un hospital, una escuela o una casa, con las sienes ardientes, con la esperanza de encontrar a una hija, un hermano o a una madre”, señala Schwartz. En un fin de semana llegaron a Alemania unos 17.500 refugiados. Habían atravesado miles de kilómetros a través de Grecia, Macedonia y Serbia para encontrarse con las alambradas de las fronteras de Hungría, país que les permitió el paso porque serían recibidos en Alemania, país que   declaró que no cumpliría con el compromiso de Dublín que imponía la devolución de los sirios al primer país de la Unión Europea que hubieran alcanzado, y que en consecuencia los recibió.  Para Schwartz, aquellas imágenes se superponían a las de los miles de judíos siendo deportados a los campos de concentración, llevando una exigua valija en una mano y a un niño de la otra. Sintió que se trataba de un momento muy importante en el que la historia podía, de algún modo, revertirse.

Sin embargo, la situación se agravó a fines de ese mismo año, cuando otras naciones de la Unión Europea se negaron a cumplir sus cuotas para la aceptación de inmigrantes. Se trataba de países, como Hungría, Polonia, la Republica Checa y Eslovaquia, de los cuales se habían exiliado muchas personas cuando dichos países estuvieron bajo el yugo soviético y sufrieron las temibles purgas de sus regímenes despiadados; ahora aquello parecía olvidado y rechazaban a quienes intentaban refugiarse.

Al entusiasmo inicial de la sociedad alemana habían seguido las reacciones adversas, que los medios de difusión se apresuraron a instalar en la sociedad y la resistencia comenzó junto con la sospecha generalizada hacia musulmanes, árabes y extranjeros en general.

 

Iuventa

 Las escenas de balsas llenas de refugiados y el propósito de llevar adelante acciones para revertir la situación hicieron que surgiera la iniciativa de formar la ONG “Juventud que salva” (Juggen rettet) bajo la consigna de que no se puede permitir que nadie muera en el mar. Tales muertes son algo que no se puede ignorar cuando los países no llevan a cabo operaciones de salvataje.

No son los Estados ni los poderosos quienes se imponen la tarea de salvar vidas, sino jóvenes sin dinero y sin otro poder que el de sus propias acciones.

Sin ayuda de bancos que aclaran que no son entidades benéficas y que el laudable objetivo de salvar vidas es irreal e ingenuo, quedan librados a sus propios medios; a fuerza de organización y mucho trabajo, logran armar una estructura a partir de la cual comienzan a reunir fondos mediante colaboraciones de numerosas personas, gracias a una fundación privada formada por un matrimonio que, no obstante tratarse de jóvenes estudiantes sin experiencia previa, valora la seriedad del proyecto y deciden adquirir y equipar un barco construido en 1962, que fue bautizado con el nombre de Iuventa, para destinarlo al salvataje de vidas en el mar.

Lo que al comienzo parecía un imposible va convirtiéndose en algo posible. Muchos colaboran en la medida de sus recursos y capacidades: electricistas, voluntarios con experiencia en navegación, como Soren y Viola (hasta entonces capitana de un crucero de jubilados) y el Iuventa, debidamente reparado y equipado y con un personal entrenado para la futura tarea comienza sus misiones de salvataje desde Malta.

No son los organismos internacionales ni los Estados los que hacen tareas de salvataje, sino jóvenes que deben buscar sus recursos por sí mismos; ello de por sí nos revela que este genocidio no significa nada para los Estados.

Todo había sido previsto, pero hay cosas que escapan a toda previsión. Una de ellas es el modo en que las historias de los refugiados comienzan a afectar emocionalmente a los miembros de la tripulación, otra es la violencia que su acción produciría tanto en los sectores de ultraderecha como en los gobiernos que, de a poco, comienzan a estrechar el cerco de dificultades para impedir los trabajos de rescate; sin embargo, las historias de los refugiados hablan por sí solas, en sus derroteros, en sus penurias, pero también en sus capacidades y en aquello que pudieron  lograr después.

Día y noche, la tripulación del Iuventa vigila el mar en busca de balsas con personas que huyen de África, una vez localizadas llega hasta ellas y reparte chalecos salvavidas a los refugiados y los transporta, por medio de balsas inflables, hasta el barco para que reciban atención médica y alimentos, y escuchan sus historias. Lamin lleva viajando tres años y trabajó en una mina de Burkina Fasso donde, por la temperatura extrema de 50 grados centígrados, murió su compañero d viaje, así como muchos otros más; Rose debió huir de Nigeria porque el grupo Boko Haram fue a su aldea, mató a los hombres y violó a las mujeres. Las historias son infinitas y los marcan para siempre.

Luego de una primera atención son llevados por embarcaciones italianas a Lampedusa, en Italia, donde proseguiría su odisea.

El Iuventa hace 16 misiones de rescate entre 2016 y 2017 en las cuales salva la vida de 23.000 personas.

Los problemas comenzarían pronto.

 

Radio, televisión y la ultraderecha

Pareciera propio de la naturaleza humana que quienes son incapaces de contribuir en nada critiquen a quienes hacen grandes actos de sacrificio porque sienten la imperiosa necesidad de actuar.

Parte del equipo de Juggen rettet habla en un programa de radio de las tareas de rescate y de pronto, un oyente les pregunta por qué tienen que llevar a los refugiados a Europa. Le contestan que por las disposiciones de la Convención de Ginebra no se puede devolver a refugiados al mismo lugar de donde debieron salir debido al riesgo a su integridad y sus vidas. Lukas agrega que, en caso de ser llevados los inmigrantes a Libia, serían encarcelados, torturados o muertos. El oyente entonces responde que deberían conducirlos a otros países de África porque son una amenaza para los europeos que no tienen por qué abrir sus puertas a quienes pueden ser criminales, luego de lo cual, y ante el intento de debatir el tema por parte de una joven de la ONG, corta la comunicación. La misión del Iuventa consiste en hacer lo que no hacen los gobiernos: rescatar y salvar vidas y está absolutamente fuera de su alcance el decidir el destino final de los refugiados.

En otro momento, Lukas, quien aparece en el filme como iniciador del proyecto habla por pantalla en un programa televisivo. Narra el rescate de los tripulantes de un gran número de balsas, que tuvo lugar en plena noche de tormenta, operación que no era posible sostener sin afectar seriamente la seguridad del Iuventa y de su navegación; Viola, la capitana del barco radia varios mensajes de auxilio informando la situación. Optan por alojar a los refugiados en el interior del barco mientras solicitan desesperadamente ayuda de otras embarcaciones, pero nadie acude al llamado y , en ese escenario, ven a los refugiados ahogarse en la tormenta en mitad de la noche, sin poder hacer nada por ellos.

En lugar de, ante una tragedia de semejante magnitud, encontrar empatía por parte de los asistentes al programa de debate, un político alega que la existencia de buques como el Iuventa alienta a los refugiados a lanzarse al mar; Lukas responde que no es la existencia de barcos de rescate lo que los hace abandonar sus países, sino los asesinatos masivos, el hambre, las persecuciones, la tortura y la cárcel. Opiniones como la vertida por el político en cuestión, repetidas en programas de debate terminan por moldear una mentalidad que encuentra justificada la indiferencia y la inacción, así como que personas libradas a su suerte mueran en el mar sin que nadie haga nada por ellos y sin que sientan que eso es algo reñido con la moral más elemental. Nuevamente se trata de la mentalidad Mitläufer.

El grupo también debe sufrir los violentos ataques de grupos de ultraderecha, que hackean la página de la ONG y sus cuentas en las redes e intentan entrar al lugar donde viven mientras los amenazan a gritos.

 

La solidaridad criminalizada

Sin responder a los pedidos de identificación de la capitana, una lancha se acerca a toda velocidad al Iuventa, pertenece a las milicias armadas libias. La tripulación sabe que dichas milicias son violentas y peligrosas y tienen un procedimiento para el caso, que es refugiarse en la sala de máquinas y no salir.

En efecto, el grupo de choque se acerca disparando sus ametralladoras, violentamente aborda el barco y comienza a hacer destrozos. Viola, la capitana, que al advertir la proximidad de la lancha ha emitido un pedido de ayuda que no será respondido, les advierte que el Iuventa navega en aguar internacionales, a lo cual se le responde que mientras haya a la vista montañas de Libia, están en aguas de ese país y que pueden arrestarlos. Los intrusos recorren el barco, hacen salir a la tripulación de la sala de máquinas en medio de amenazas para reunirlos en la cubierta.

Son conocidas las historias de asesinatos, torturas y confinamientos arbitrarios en cárceles libias de personas que se ven obligadas a pasar por el territorio de ese país.

Luego de una serie de violentas amenazas se marchan, advirtiéndoles que la próxima vez los encerrarán.

El debate se plantea en términos de si deben ceder o no a tales amenazas; hacerlo equivale a consolidar el poder de esas milicias para abordar barcos en aguas internacionales y no hacerlo constituye un peligro para la tripulación.

Tiempo después, antes de salir a otra misión advierten que las milicias libias se han convertido en una guardia costera, entrenada y sostenida por los países europeos para tratar de detener la inmigración irregular de personas, mientas en una pantalla se ve claramente cómo una de esas lanchas se interpone en la marcha de un barco de ayuda.

Libia aparece como la mano de obra sucia de los países europeos.

Geraldine Schwartz señala el hecho de que, durante el fascismo, en las décadas de 1920/30, Libia estuvo sometida al dominio colonial italiano, bajo la autoridad del gobernador Badoglio que, ante una rebelión, ordenó ejecuciones en masa y forzó a cien mil nómades de la provincia rebelde de Cirenaica a recorrer más de mil kilómetros a pie hasta los campos de concentración italianos. Muy pocos sobrevivieron. En 2008 Italia pidió disculpas a Libia por ese genocidio, y pagó 5000 millones de dólares como compensación, bajo el compromiso de Trípoli de frenar la inmigración clandestina.

            En otro momento, el Iuventa recibe una orden del gobierno italiano de ir a Lampedusa a llevar cinco personas, lo que equivale al menos a dos días de navegación, uno de ida y otro de regreso, que significan dejar de asistir a unos 500 refugiados en el mar.

            Se plantea un brusco debate interno entre quienes quieren desobedecer la orden y quienes asumen que deben acatarla para no incurrir en acciones ilegales.

            El resultado es que las autoridades italianas revisan el barco íntegro a lo largo de todo un día, diciendo que es una revisión de rutina. La verdad se conocerá luego, ya que alegando llevar a cabo tal revisión las autoridades instalaron micrófonos ocultos en el barco que luego serán utilizados por la acusación en su propósito de criminalizar la ayuda.

            La persecución penal se ha puesto en marcha.

            Poco tiempo después, se les ordena llevar a dos infiltrados que dicen ser hermanos al puerto de Trapani.

            Al llegar allí las autoridades se incautan del barco y retienen a los tripulantes. El proceso, viciado desde su inicio, concebido en la oscuridad y el ocultamiento, sorprende a quienes serán alcanzados por él.

            Debemos ubicar estas acciones y las que siguieron en el auge de la derecha en Italia, bajo el gobierno de Matteo Salvini, según señala Schwartz, ello se debe al nulo trabajo en Italia sobre la memoria acerca de los crímenes del fascismo, ignorados por gran parte de la población: “Desde que está en el poder, Salvini alimenta la xenofobia creciente en la población: impide la entrada en los puertos italianos de los barcos de las ONG que han socorrido a los refugiados en alta mar” (pág. 343),

            Las autoridades les imputan ser partícipes del comercio ilegal de personas, en vinculación con redes de trata; se apoyan en “pruebas” prefabricadas.

            En el proceso, que duró siete años, fueron testigos muchos de aquellos refugiados a los que la ONG salvó la vida por la acción del Iuventa y su tripulación, como Lamin y Rose.

            Finalmente, el juez a cargo de la sustanciación de la causa absolvió a los procesados, afirmando que la ayuda en el mar nunca puede ser un delito.

Siete años es una eternidad de tiempo de incertidumbre para aquellos injustamente imputados en el proceso, y violatorio al principio del derecho a un pronunciamiento judicial en tiempo razonable; el costo del proceso fue de un millón de euros, con el cual hubiera sido posible comprar seis barcos como el Iuventa y salvar muchas más vidas.

            Miles de personas que hubieran podido ser salvadas por el Iuventa se ahogaron en el Mediterráneo durante los siete años que duró el proceso.

            Mientras tanto, el barco se degradó en el puerto de Trapani, en Sicilia, y fue devuelto en condiciones ruinosas.

            La justicia hizo lo que sabe hacer como nadie, tener atados a un proceso a una cantidad de personas inocentes, a un costo emocional y económico altísimo y extender el poder de castigar por anticipado a quienes estaban llevando a cabo el rescate de vidas en el mar, y de frustrar la actividad humanitaria a la que se habían consagrado mientras dejó impunes a los verdaderamente responsables.

 

 

Eduardo Balestena

           

lunes, 23 de febrero de 2026

Mis santas, el rescate de una memoria


 


Pocas veces pensamos que las historias de las cantantes de tango consagradas de las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX contienen una lucha despiadada, primero por sobrevivir, después por cantar e imponerse y luego por no hundirse en un mundo dominado por las intenciones de hombres interesados menos en su arte que en sus recursos y en sus cuerpos. El rescate de pinceladas de esas vidas se convierte, en la propuesta teatral de Rocío Baraglia, con texto de Gabriela Urrutibehety, en una inspiración para otra lucha muy parecida.

Lo que queda más que claro es que del espíritu de lucha se trata.

Esta fue la idea original de Rocío Baraglia, una muy cara a ella en la que buscó dejar constancia de su amor por el tango y de su respeto por las figuras de las mujeres que triunfaron en el género y le dieron algo insustituible, cada una a partir de su personalidad, una muy fuerte, capaz de resistir al mismo tiempo que  de crear. El modo en que se refiere a ellas desde el discurso de su personaje habla a las claras de ese amor: al esfuerzo, a la música, a lo que esa lucha significó para ella misma y para aquellas a quienes se refiere contando trazos, breves, significativos, duros y también esperanzados, de sus historias, porque en el fondo de esta historia está la esperanza.

Gabriela Urritibehety dio forma a esta idea en los que son los rasgos propios de su escritura: concisión, la idea de decir lo más diciendo lo menos, con recursos siempre eficaces y un sentido del diálogo y ocurrencias que hacen que la obra sea rápida, graciosa y conmovedora. Las líneas de los personajes son un hilo conductor.

En la prosa de Gabriela Urrutibehety la narración siempre avanza siguiendo una estética de  economía expresiva: La banda de los seguros es la recopilación de una serie de estafas y crímenes cuyo dramatismo viene de los propios hechos y no de la enumeración de elementos. Monstruos, su libro sobre el crimen de los rugbiers en Villa Gesell es muy diferente: se trata de la crónica de un crimen y un juicio y el recuerdo de otro, el del crimen de Cabezas. Dos épocas conviven en el mismo escenario de Dolores y su vida cotidiana y ella misma se refleja como cronista e ingresa lateralmente a la natación en observaciones que son de lo más valioso que dicha narración contiene. El libro no podría prescindir de ninguno de esos elementos y, en su brevedad, es exhaustivo, confronta dos épocas y deja al lector las conclusiones. Algo semejante puede decirse de los cuentos de Mudanzas. Como escritora maneja el lenguaje narrativo con enorme maestría, pero queda muy claro que no es su único modo de abordar la escritura, lo prueba el hecho de aventurarse, como lo hizo, en un terreno en el que otros no podríamos aventurarnos, que es el del teatro.

El escenario de Mis Santas –obra dirigida por Mónica Pari- es el de un teatro en decadencia donde dialogan la maestra que toca el piano (Amelia Polverini), la encargada de hacer la limpieza (Rocío Baraglia) y el quien tiene a su cargo los “laburos caseros” (Jorge Repetto) que especulan acerca de las intenciones del dueño, alguien que nunca aparece.

En los diálogos surgen los recuerdos de Ada Falcón, Nelly Omar, Mercedes Simone, Rosita Quiroga, Azucena Maizani, Sofía Bozán, Libertad Lamarque y Tita Merello. Sus rostros son proyectados en bellas composiciones de imágenes de estilo antiguo donde, por detrás de sus cabezas, surge un resplandor de luz que las santifica, a medida que Rocío Baraglia toma alguna prenda similar a las de cada cantante y las evoca, ya sea en un monólogo o en un breve diálogo con Jorge Repetto, que asume la difuminada y provisoria identidad ya de un amante, ya de un inescrupuloso representante. La pianista hace las acotaciones que abren cada breve cuadro y el resultado es la evocación de las vidas, en lo más duro, en lo más feliz y en lo más doloroso.

Pero eso no es todo, hay al menos dos cosas más: la primera es la inusual evocación del tango desde sus voces femeninas: por más famosos, los hombres solo aparecen reflejados en las cantantes. La otra, en un sentido más amplio, es la pregunta acerca de si la situación para las mujeres más vulnerables ha cambiado algo desde la época en que Las santas se abrieron paso desde los medios más humildes hasta los escenarios más importantes.

No hay un solo mensaje sino varios.

A la hora en que la protagonista debe afrontar la prueba que podrá convertirla en cantante e invoca a sus santas inspiradoras, dos cosas son evidentes: el amor al tango y el espíritu de lucha.