Pocas veces pensamos que las historias de las
cantantes de tango consagradas de las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX
contienen una lucha despiadada, primero por sobrevivir, después por cantar e
imponerse y luego por no hundirse en un mundo dominado por las intenciones de hombres
interesados menos en su arte que en sus recursos y en sus cuerpos. El rescate
de pinceladas de esas vidas se convierte, en la propuesta teatral de Rocío
Baraglia, con texto de Gabriela Urrutibehety, en una inspiración para otra
lucha muy parecida.
Lo que queda más que claro es que del espíritu de
lucha se trata.
Esta fue la idea original de Rocío Baraglia, una
muy cara a ella en la que buscó dejar constancia de su amor por el tango y de
su respeto por las figuras de las mujeres que triunfaron en el género y le
dieron algo insustituible, cada una a partir de su personalidad, una muy
fuerte, capaz de resistir al mismo tiempo que
de crear. El modo en que se refiere a ellas desde el discurso de su
personaje habla a las claras de ese amor: al esfuerzo, a la música, a lo que
esa lucha significó para ella misma y para aquellas a quienes se refiere
contando trazos, breves, significativos, duros y también esperanzados, de sus
historias, porque en el fondo de esta historia está la esperanza.
Gabriela Urritibehety dio forma a esta idea en
los que son los rasgos propios de su escritura: concisión, la idea de decir lo
más diciendo lo menos, con recursos siempre eficaces y un sentido del diálogo y
ocurrencias que hacen que la obra sea rápida, graciosa y conmovedora. Las
líneas de los personajes son un hilo conductor.
En la prosa de Gabriela Urrutibehety la narración
siempre avanza siguiendo una estética de
economía expresiva: La banda de
los seguros es la recopilación de una serie de estafas y crímenes cuyo
dramatismo viene de los propios hechos y no de la enumeración de elementos. Monstruos, su libro sobre el crimen de
los rugbiers en Villa Gesell es muy
diferente: se trata de la crónica de un crimen y un juicio y el recuerdo de
otro, el del crimen de Cabezas. Dos épocas conviven en el mismo escenario de
Dolores y su vida cotidiana y ella misma se refleja como cronista e ingresa
lateralmente a la natación en observaciones que son de lo más valioso que dicha
narración contiene. El libro no podría prescindir de ninguno de esos elementos
y, en su brevedad, es exhaustivo, confronta dos épocas y deja al lector las
conclusiones. Algo semejante puede decirse de los cuentos de Mudanzas. Como escritora maneja el
lenguaje narrativo con enorme maestría, pero queda muy claro que no es su único
modo de abordar la escritura, lo prueba el hecho de aventurarse, como lo hizo, en
un terreno en el que otros no podríamos aventurarnos, que es el del teatro.
El escenario de Mis Santas –obra dirigida por Mónica Pari- es el de un teatro en
decadencia donde dialogan la maestra que toca el piano (Amelia Polverini), la
encargada de hacer la limpieza (Rocío Baraglia) y el quien tiene a su cargo los
“laburos caseros” (Jorge Repetto) que especulan acerca de las intenciones del
dueño, alguien que nunca aparece.
En los diálogos surgen los recuerdos de Ada
Falcón, Nelly Omar, Mercedes Simone, Rosita Quiroga, Azucena Maizani, Sofía
Bozán, Libertad Lamarque y Tita Merello. Sus rostros son proyectados en bellas
composiciones de imágenes de estilo antiguo donde, por detrás de sus cabezas,
surge un resplandor de luz que las santifica, a medida que Rocío Baraglia toma
alguna prenda similar a las de cada cantante y las evoca, ya sea en un monólogo
o en un breve diálogo con Jorge Repetto, que asume la difuminada y provisoria identidad
ya de un amante, ya de un inescrupuloso representante. La pianista hace las
acotaciones que abren cada breve cuadro y el resultado es la evocación de las
vidas, en lo más duro, en lo más feliz y en lo más doloroso.
Pero eso no es todo, hay al menos dos cosas más:
la primera es la inusual evocación del tango desde sus voces femeninas: por más
famosos, los hombres solo aparecen reflejados en las cantantes. La otra, en un
sentido más amplio, es la pregunta acerca de si la situación para las mujeres
más vulnerables ha cambiado algo desde la época en que Las santas se abrieron paso desde los medios más humildes hasta los
escenarios más importantes.
No hay un solo mensaje sino varios.
A la hora en que la protagonista debe afrontar la
prueba que podrá convertirla en cantante e invoca a sus santas inspiradoras,
dos cosas son evidentes: el amor al tango y el espíritu de lucha.


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