martes, 1 de mayo de 2012
sábado, 31 de marzo de 2012
Cita en Lasal del Varador


Cuando me enteré pensé que tenía que hablar con Bluma.
Los de
Fue en un seminario en el palacio Miramar, en San Sebastián, que me enteré. Había varios panelistas y entre ellos Feierstein, un sociólogo argentino cuyo libro sobre el genocidio era muy citado en los juicios a militares; pero ahora, nos dijo, no eran militares, también iba a ser juzgado un grupo de ultraderecha que había actuado en Mar del Plata antes de la dictadura y que se había insertado en el aparato represivo después.
Sentí de golpe como si hubiera estado atravesado por un eje que me permitía mantener el equilibrio y ahora no sólo me enteraba sino que alguien acababa de quitármelo. Él no podía creer que yo fuera de Mar del Plata y que los hubiera conocido.
Todo me apareció de nuevo en la mente, como si fuera ayer. Mi hermano Iñaki había sido compañero de Bluma –que vivía a dos casas de la nuestra y con quien crecimos juntos- en el breve paso de ella por la facultad de humanidades -salvo su relación conmigo todos los pasos de ella por las cosas habían sido siempre breves- y luego vivieron “un apasionado romance varias veces”. Le salvó la vida pero él no le perdonó que fuera una de ellos.
En esa época
La ida de Iñaki fue el día en que mataron a Piantoni, el líder de
Pocas veces volví a
Iñaki se fue en el auto esa misma tarde a lo de Lito Aramburu, el primo que vivía en Segurola y de ahí a lo de sus hermanos –Perico en Vidal y Martín en Maipú. Eso lo salvó. Creo que nos salvó a todos porque decidimos exiliamos. Nos resultaba imposible convivir con las bandas que iban en autos de los que asomaban caños de armas, con las bombas y las muertes cotidianas y en casa presagiaron que nada bueno iba a pasar. Sólo estábamos acostumbrados a trabajar y el mundo a nuestro alrededor se había vuelto, rápidamente, algo violento e indescifrable de lo que queríamos alejarnos.
Entonces, a los pocos meses vinimos acá donde si bien había etarras al menos no había peronistas. Trabajé con los parientes de Barcelona que tienen restaurantes y luego pude entrar al diario Gara, estudiar, hacer el Master, dar clases en
Pese a todo con Bluma mantuvimos el contacto, es decir, ella lo mantuvo conmigo –llamaba en esos momentos en que o me estaba duchando, o iba a salir a dar un examen o acababa de dormirme- pero nunca hablaba de
Creo que seguí hablando con ella porque pensaba que había vivido todo eso y que necesitaría contarlo, confesarlo; que eso le pesaría en la conciencia y yo necesitaba saber esa versión. Había leído las resoluciones en el Centro de Informática Jurídica de la corte argentina –y la mencionaban a ella, en el episodio de la muerte del diputado en San Juan- pero ahora, a tantos años, cuando eso era cada vez menos entendible, necesitaba que fuera Bluma quien me lo contara.
Entonces –inesperadamente, como siempre- llamó y aproveché que mi esposa Merche estaba en Ávila con los padres para proponerle encontrarnos y me dio el nombre de un Xiringuito muy de moda en Barcelona y quedamos para ese viernes a la noche. Mi hija Maite había vuelto de Dublin, hizo como hacen muchas jóvenes aquí, que van a Inglaterra o a Irlanda, viven en casas de familia, cuidan niños y aprenden el idioma. Decidimos quedarnos dos días en un Citadine en el centro de Barcelona, cerca de las ramblas y aquella mañana ella puso el gps y salimos lentamente en
Habían matado a mucha gente esa noche e Iñaki se había salvado pero ellos habían caído, finalmente, aunque yo no acertaba a entender que eso fueran delitos de lesa humanidad que violaran el Estatuto de Roma o
Luego de las cuatro horas de autovía y de descansar en el hotel fuimos a la playa donde estaba el Lasar del Varador. Mi hija llevaba el pelo de la sien derecha rapado y un tono entre castaño y amarillento. Un largo mechón le caía por el lado izquierdo y yo la veía tan alta, tan crítica y tan observadora que me avergonzaba de cómo había sido yo cuando tenía su edad.
Ahí estaba Bluma, más gorda, más arrugada, al lado de un catalán alto y lleno de hendeduras en su flaco rostro; parecía sacado de una vieja banda de rock. “Oye tío, que guapa está tu hija” largó y rápidamente la conversación derivó hacia las comidas, los restaurantes y las módicas anécdotas cotidianas. Bluma hablaba en porteño usando palabras y giros españoles y volvió loca a la camarera preguntándole mil veces los detalles de las patatas bravas, los calamars mediterrani; la taula perni iberic gla; la amainada poma i fortmage y mil cosas más.
Maite había quedado al lado de ella y podía observarlas a las dos. Viendo a mi hija tan idéntica a mi abuela me parecía que nunca nos habíamos ido del país vasco y que
Le descerrajé “Viste lo que pasó” – “…qué pasó” contestó torciendo la cabeza y mirando la carta por centésima vez. “Que están todos presos” y le mencione uno por uno. “Pues chico, algo me dijo la esposa de…de quién…”. Todo eso parecía pasarle muy lejos. Se distraía enseguida con el catalán recordando lo que habían comido la semana anterior o la otra y yo cargaba de nuevo con la noche del cinco por uno: “No te acordás de Flipper” “Quién” “El que fue a matar al diputado en San Juan” “Algo, sí, creo que hubo un viaje a San Juan” “¿Salvador mató a los floristas?” “Ah pero yo estoy separada de él. Él me dejó” “Fue socio de Shocklender” “De quién” (yo pensé que en toda la etapa de Salvador en los servicios del Ejército, en las agencias de investigación y traficando drogas ella había estado a su lado).
Mi hija la miraba a ella y me miraba a mí y de pronto hizo un gesto que lo resumió todo, igual que Gromit, el perro de Wallace y Gromit, que es el más sabio y sólo habla en gestos: movió su mano derecha hacia arriba, arqueó las cejas, y meneó la cabeza apretando los labios y yo pensaba cómo pude ser tan ingenuo. En otros momentos ponía sus cejas en línea y entrecerraba los ojos y miraba a Bluma. Otras veces copiaba mis gestos desesperados, arqueando las cejas y levantando la cabeza como si dijera “pero acordáte”. Era inútil. Lo único que parecía haber en su vida eran patatas bravas. Eso sí, me hablaba de la gente del barrio, de cuando éramos chicos (e inocentes) y de eso se acordaba.
Durante todo este tiempo me daba vueltas incesantemente que Bluma había sido testigo de cada una de esas muertes y que tendría esa versión esperando para contármela, porque por algo había seguido llamándome. Una versión que no tenían ni los jueces ni las víctimas; que me daría las “razones” de todo eso, pero ahora me daba cuenta de que ella o era futilidad y vacío y todo le daba lo mismo, ocupada como estaba en disfrutar de cada comida ahora que las hacía regularmente, o no quería hablar de eso, y supe que me iba a quedar para siempre con esa duda.
También pensé en todos los muertos de aquella noche y de aquel año 1975, que habían sido asesinados por gente para la cual matarlos era salvar a la humanidad, pero que ahora ella no se acordaba ni de que había participado de sus muertes y menos aun de quienes eran, mientras que ellos ya no están en el mundo sino muertos desde hace 37 años y son esas fotos en blanco y negro de seres muy lejanos de una época inabordable que al momento de la foto ignoraban su destino trágico; un destino que es futuro para el rostro de la foto pero que desde hace muchísimo es pasado para todos los que vivimos. Ya nadie podría contar la historia. Mi hija, que leía mis pensamientos movió en una negativa silenciosa su cabeza: ella era ajena a aquella maldad pero podía descifrarla mejor que yo. Finalmente nos despedimos y caminamos por la playa hacia el estacionamiento. Sobrevino ese alivio que a uno le llega cuando deja de escuchar las imbecilidades que ha tenido que escuchar por varias horas y puede quedarse en silencio. Sentí la suave y firme herradura del brazo de Maite en mi espalda. Me di vuelta y pude verlos, en esa noche transparente, en la mesa del Xiringuito hablando como si nada.
“Trabit suaquemque voluptas” dice Marquerite Yourcenar: Cada uno tiene su camino. El de sus víctimas había sido morir de una manera despiadada e inútil, el mío era entender, el suyo quizás fuera sobrevivir, o simplemente mantener a sus muertos bien enterrados y pensar qué deben llevar las patatas bravas o los calamars mediterrani.
Eduardo Balestena
ebalestena@yahoo.com.ar
domingo, 12 de febrero de 2012
Teloneros
No sabés lo que fue, cuatro mil personas, no lo podíamos creer tener adelante a tanta gente y qué consola, y las luces; la consola era tres veces la nuestra, bien profesional y nosotros, acostumbrados a tocar en la vinoteca y el Cortázar lo que era estar ahí. Los tipos mueven un montón de gente.
Me parece mentira que hayamos sido teloneros de Anarquía una banda de Buenos Aires a la que la siguen tanto, una banda re contestataria pero bueno nosotros pudimos ser sus teloneros y nos dejaron poner un par de temas nuestros bien de lucha, porque queremos ser un Estandarte para que otros como nosotros se sientan representados, por eso le pusimos así a la banda.
Era re temprano cuando llegamos al multiespacio…¡Nosotros ahí! Nos llevó el micro de la banda para hacer la prueba de sonido y la terminamos temprano y después tuvimos horas muertas ahí. La verdad, muertos de hambre ya a las cinco o seis y el productor dijo que no, que hasta que no vinieran ellos no iba a haber nada. Era cierto, cuando llegó Anarquía empezó a haber de todo. Aparecieron de una confitería y pusieron una mesa con cosas, pero no nos pudimos ni acercar por todos los fans y todo lo que mueven pero eso fue como a las nueve de la noche.
Por suerte pudimos vender todas las entradas que teníamos que vender para poder recaudar para Anarquía. Cien pesos cada una. Les encajamos a todos y yo hasta puse de lo que me da abu y que guardo para pagar la sala de ensayo y comprarle cuerdas a la guitarra eléctrica pero ya fue. Es que llegar a esto para una banda como nosotros es un paso y ya queda la amistad y capaz que el próximo verano nos llaman de nuevo.
Fue duro, esas horas muertas, porque a los productores no les importa lo que hacemos nosotros y ponés todo cuando estás tocando y cuando bajás del escenario miran el reloj para ver cuánto tardaste pero a Anarquía le gustó lo que tocamos, aunque no sé si lo escucharon tan bien, porque mucho no nos dijeron, pero de últimas les gustó y eso es lo importante. Yo estaba como en un trance, cerré los ojos y encaré para ese solo en la canción sobre Famatina y la represión y con el cantante era como si nos adivináramos. Era como algo secreto, un acuerdo, una magia y cuando entró Tico con el bajo lo mismo y yo me imaginaba que también, entre tanta gente, estarían los nuestros, los que iban por nosotros: Lorena, Ailin, Kevin, seguro que estaban (o capaz que no si no pudieron juntar los cien pesos) pero sea como sea yo los sentía y cuando terminó vino el aplauso que no terminaba nunca y entonces fue que lo ví al productor mirando el reloj y haciendo con la mano para que bajáramos rápido.
Dicen que el rock a los veinte lo hacés por la música y a los cuarenta por la plata.
No sé si nos toca algo a nosotros, porque ellos tienen muchos gastos, primero dijeron que sí, y después que no sé y después que pasáramos por lo del productor que a lo mejor. Si nos toca vamos a tener para juntar para un demo y poder empezar a difundir más lo que hacemos. Pero igual no lo hacemos por la plata. Lo hacemos por la música
Y esa tarde al final cuando el productor dijo que no iba a haber nada para comer hasta que no llegara Anarquía uno le dijo “pero che, no podés tener a estos pibes así, muertos de hambre” y nos pusieron una docena de sanguchitos de miga para los ocho, porque estaba la otra banda pero nada para tomar. Si el chabón nos tiró los sanguches ahí como si fuéramos vaya a saber qué. Pensar que los anarquistas compartían todo, dice siempre mi viejo que se la pasa leyendo a Bayer: ponían plata para los presos, editaban libros, ayudaban a las familias de los presos.
Fuimos a la dos de la tarde y cuando Anarquía empezó a tocar, a las once y media de la noche, todo se venía abajo pero la verdad es que los temas no eran como los viejos, y El lepra parecía limado. No tenían esa fuerza y las armonías eran predecibles, las letras no eran contestatarias y El lepra no dejaba la vida en el escenario como cuando Anarquía empezó, hace veinte años.
Mi viejo dice que estamos los de acá y los colonizadores. Los de acá la peleamos todo el año para sobrevivir el invierno, juntando la plata para hacer todo, los ensayos, las presentaciones, y en los veranos vienen los colonizadores para quedarse con todo, con los lugares, con lo que juntamos y para que nosotros los sirvamos a ellos.
Igual para Estandarte fue re importante y decíamos eso cuando fuimos caminando a tomar el 221, que aunque fuera verano a esa hora ya no pasaba y entonces juntamos la plata que teníamos para volvernos en taxi porque nos daba miedo que alguno nos fuera a afanar los instrumentos, a esa hora y en ese lugar.
Por suerte nos alcanzó.
Eduardo Balestena
ebalestena@yahoo.com.ar
viernes, 10 de febrero de 2012
Escritura y fantasmas

La pregunta sería si podemos dividir nuestra vida de nuestra escritura; si la escritura sufre nuestras propias vicisitudes o si aparecen presencias creadas o significadas por nosotros mismos a las cuales culpar por lo que se siente como un fracaso.
Capturing Mary (BBC, 2007) de Stephen Poliakov con Maggie Smith; Ruth Wilson y David Walliams parece bucear en estas cuestiones dentro de la tradición de historias de fantasmas de Henry James: la inquietante presencia de Greville White marcará para siempre a Mary.
Probablemente sean fantasmas las personas a las cuales les adjudicamos un poder, el de que lo que hacen o dicen sea importante para nosotros.
La historia está narrada en dos planos: Maggie Smith –Mary- que cuenta desde el presente a Joe, un interlocutor ajeno a los hechos –el cuidador de la casa que visita- lo que le sucedió en ese lugar, cuando conoció a Greville White (David Walliams).
La casa de Graham, donde suceden los hechos más importantes, se despliega como una presencia del mismo modo que Greville va imponiendo la seducción de la suya. El clima se hace íntimo y cautivante pero a la vez oscuro y extraño, y se desenvuelve en la inminencia de algún raro descubrimiento. Una cocina, mientras Greville hace una ensalada, se transforma en un escenario misterioso, como luego lo es la bodega, en la parte baja de la casa, con vinos centenarios en esa, su presencia intemporal.
Lo que sucede siempre está en las palabras, las inflexiones y los rostros; en ellos y en la sutileza de lo que reflejan. Ese ámbito adquiere un tiempo propio, un clima. El tiempo y el clima subsistirán a lo largo de la vida de Mary, como las palabras.
A lo largo de los años por venir esa presencia y esas palabras resonarán en la escritura de Mary. Ellas y las otras apariciones de Greville, siempre inesperadas y extrañas, cada vez más fuera del tiempo, terminarán por instalar esa duda: fue él quien cambió el rumbo de su vida, después de lo sucedido entre ellos (y qué fue lo sucedido entre ellos), o simplemente es una presencia creada por la incapacidad de dirigir una escritura que termina siendo una evocación de la juventud perdida, una pregunta sobre si nosotros (y ella) decidimos las cosas o ellas deciden por nosotros.
La juventud es poderosa y a la vez frágil. Lo tiene todo por venir, tiene todo el tiempo, pero sucede algo y ya puede ser demasiado tarde.
Sin embargo la imagen de Greville también se disipa, como los sueños y como la juventud.
Cada uno tiene sus fantasmas: una voz, una presencia, una palabra dichas hace mucho y que suena una y otra vez cuando menos lo esperamos. Quizás todos tenemos a ese espíritu joven y cautivo al cual liberar.
Eduardo Balestena
ebalestena@yahoo.com.ar
sábado, 4 de febrero de 2012
España y una de las historias de la Historia: a treinta y un años del Tejerazo

El año pasado TVE ficcionalizó el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, al cumplirse los treinta años, en una puesta que pone de resalto el papel del Rey Juan Carlos en el fracaso del intento golpista.
Anatomía de un instante, (Mondadori, 2009) de Javier Cercas (escritor, Doctor en Filología y Profesor de Literatura Española en
Un instante
Cercas trabaja, incesante y obsesivamente –a partir de una extensa bibliografía y con una percepción de los personajes llena de matices-, sobre la imagen del teniente coronel Antonio Tejero y los guardias civiles entrando en el hemiciclo del Palacio de los Diputados –en oportunidad de producirse la votación para designar presidente a Leopoldo Calvo Sotelo- a las 18 y 25 de ese lunes 23 de febrero, en los disparos que se producen, la actitud de los legisladores, guareciéndose bajo sus asientos, y de Adolfo Suárez –presidente del gobierno- el Gral. Manuel Gutiérrez Mellado –vicepresidente- y Santiago Carrillo –Secretario General del Partido Comunista- permaneciendo impasibles y en actitud de desafío ante los golpistas. A partir de allí, analiza la trayectoria de cada una de esas figuras y su significación para los artífices del golpe: los generales Alfonso Armada; Jaime Milans del Bosch y el comandante José Luís Cortina.
Adolfo Suárez y la transición
Nacido en 1932 en Caberos, Ávila, en una familia de cinco hermanos abandonada por su padre en medio de un escándalo financiero, Adolfo Suárez logró concluir la carrera de derecho e iniciarse en la política como secretario de un fiscal falangista –Fernando Herrero Tejedor- y se trasladó luego a Madrid donde vivió una breve etapa en pensiones, se dice que ganándose la vida llevando valijas o como vendedor de electrodomésticos a domicilio.
Gracias al vínculo con Herrero Tejedor –luego delegado del Movimiento Nacional- pudo acceder gradualmente, y gracias a su oportunismo, encanto personal y habilidad para detectar qué informaciones podían ser relevantes para los distintos personajes que frecuentó, al núcleo del poder franquista: el almirante Luís Carrero Blanco, Ministro de
Tuvo un sexto sentido para detectar los más mínimos cambios en el balance del poder; ello le permitió ir aproximándose a Torcuato Fernández Miranda, quien sería consejero del príncipe Juan Carlos, luego investido Rey por las cortes franquistas. Fue una apuesta a que el franquismo por venir pasaría por tal designación y, posteriormente, por una monarquía parlamentaria, en lugar de por personajes notorios del régimen, como Manuel Fraga o José María de Areilza. Fue una apuesta acertada.
Como el personaje de Zelig, de Woody Allen, era capaz de convencer a todos los sectores de que era uno de ellos. Desde su puesto de Director de Radiotelevisión Española fue uno de los primeros en descubrir el poder de modelar la realidad de los medios y se dedicó a difundir la actividad del Rey y a exaltar a los militares, obedeciendo a directivas de Carrero Blanco. Lentamente, logró que Fernández Miranda, que integraba el Consejo del Reino, lo incluyera en la terna para elegir al Jefe del Gobierno y ser elegido en ese cargo por el Rey.
“Adios, Suárez, adiós”
En el editorial del 18 de febrero de 1981 (“Adiós, Suárez, adiós”) el Diario El País, de Madrid lo comparó con el personaje de la película El general de
En los once meses de su primer mandato –que luego legitimaría en las urnas- no dio a la opinión pública la posibilidad de asimilar una reforma cuando ya llevaba a cabo otra. Así, permitió que se hablara el idioma catalán, que se usara la bandera vasca y se avanzara sobre las autonomías, entre muchas otras cosas. Nombró vicepresidente a un general que, por haberse formado en gran parte en el exterior, tenía un concepto más profesional de ejército al que no concebía como una fuerza política Votó la ley de reforma por medio de un juego estratégico milimétrico, con negociaciones, promesas y el envío de los procuradores cortesanos más remisos a un crucero por el caribe, y en algunos casos recurrió a la presión directa.
La circunstancia acaso más crítica fue la legalización del partido comunista en 1977: había prometido no hacerla mientras no cambiaran sus estatutos. Algunas de aquellas circunstancias aparecieron reflejadas en la serie Cuéntame como pasó: El personaje de Miguel (Juan Echanove) como veterano afiliado al partido, renegaba de que el comunismo abjurase de sus símbolos primero y de sus postulados después –ese fue el precio para Carrillo-; también el misterio de la figura clandestina de Santiago Carrillo –viviendo de incógnito en Madrid era aludida. La relación de Suárez con Carrillo fue de mutua amistad y entendimiento: ambos procedían de estructuras autoritarias y sabían que se necesitaban mutuamente. También en esa oportunidad hizo un juego prodigioso para conseguir apoyos. Esperó a un sábado de semana santa, envió a los reyes de viaje, a sus ministros de vacaciones y con un Madrid desierto, legalizó al PCE. La reacción fue terrible.
Quizás fue en ese momento que el golpe comenzó a cristalizarse.
Pasada la euforia inicial, Suárez no supo manejar un gobierno dentro de las reglas de la democracia y fue siendo dejado atrás por los acontecimientos.
En 1981 presentó su dimisión. El golpe ya estaba en marcha y si bien la intención declarada de los golpistas era la de alejarlo del poder y dar un “golpe de timón” al gobierno, igualmente siguieron adelante con sus planes.
El homo sapiens
Una vez escuché a Fernando Savater en
Así también, el intento del 23-F estuvo dado en un nivel de improvisación digno de quienes lo montaron. El teniente coronel Tejero debía tomar el congreso de los diputados; el general Milans del Bosch, tras declarar el estado de alarma en Valencia sacaría los tanques a la calle (sólo estos pasos pudieron ser llevados a cabo);
Tal fue el desarrollo de los acontecimientos durante los primeros quince minutos. No obstante, Sabino Fernández Campo, secretario del rey, se percató de que Armada era, aunque lo ocultara, el verdadero cabecilla del golpe y temeroso de su ascendiente sobre el rey, respondió al pedido del general de dirigirse a
Allí –a eso de la una y treinta de la mañana- se produjo el fracaso del golpe de Armada, pero aún era posible un golpe duro si se plegaba el resto del Ejército. Pero sólo una columna de
Es difícil decir que habría sucedido de poder entrar Armada al recinto y proponer su candidatura: cuál hubiera sido la actitud de los legisladores y cuál la del rey.
El golpe, de un modo u otro, fue una vacuna contra posteriores intentos, llevados a cabo por grupos cada vez más pequeños y aislados, pero a la vez demostró el poder latente del ejército. Calvo Sotelo, al asumir como jefe del gobierno, logró pasar a retiro a muchos militares de la generación de
La historia que termina mal
Javier Cercas cita en Soldados de Salamina los versos de Jaime Gil “de todas las historias de
Hoy, quizás más que nunca, ello parece cierto en una España que está siendo juzgada ante la comunidad internacional por haber procurado la impunidad de los crímenes del franquismo, no haber reconocido la indemnización a sus víctimas y no haber exhumado los miles de cuerpos aún diseminados en todo el suelo de España.
El sociólogo Daniel Feierstein plantea (El genocidio como práctica social Fondo de Cultura Económica, México, 2011) que los genocidios son demonizados, que de su acaecimiento se culpa a un grupo que ejerció el poder y que fue su causante; pero que en realidad los procesos que los producen son mucho más hondos, que la responsabilidad de todos en lo que sucede, es mucho más grande y mucho más terrible. Nadie salió a respaldar a la democracia el 23 de febrero del mismo modo que en Argentina se decía “en algo andarán”. Es el conjunto social el que produce la historia.
El golpe fracasó pero la mentalidad que lo inspiró, y el poder que esa mentalidad conserva, parecen estar lejos de haber fracasado.
Eduardo Balestena
ebalestena@yahoo.com.ar
lunes, 30 de enero de 2012
De los bestiarios al eros ludens

El 12 de febrero se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Julio Cortázar.
Sus obras aparecen ineludiblemente ligadas al goce de la lectura –por su plenitud estilística- y a la reflexión sobre la naturaleza de la realidad y el papel de la escritura como instrumento para experimentar y cuestionar lo visible.
Había nacido accidentalmente en Bruselas, en 1914, pues su padre era agregado comercial de la embajada argentina; al regreso de Europa éste abandona el hogar familiar, en Banfield, y Cortázar se cría con su madre y tías, en un ámbito que luego ficcionalizará, y se encierra en un mundo de lecturas.
Mucho más tarde, luego de dejar su cargo como profesor de Literatura francesa y de Europa septentrional en
La escena argentina estaba en los años ‘40 y ‘50 dividida entre una estética -como la de la generación neorromántica del 40- de introspección, influida por Rilke y los simbolistas franceses, y otra, como la de Marechal, de legitimación de lo nacional y los derechos populares, en el marco de opresión intelectual del peronismo del cual son testimonio exilios como el de Cortázar o el de Juan José Castro, o el escarnio que sufrió Borges. No obstante las diferencias ideológicas, fue Cortázar quien valorizó la obra de Marechal, marginado posteriormente del campo intelectual por su proximidad al peronismo. También contribuyó a la relectura de Arlt, también marginado de la escena literaria de entonces.
La política exterior norteamericana durante los años 50, favorecida por la victoria aliada, fue produciendo polos de resistencia entre intelectuales que pugnaron por una unión latinoamericana, que signaría el campo de las ideas y la lucha durante la década siguiente, a la que sucedería la brutal represión de las dictaduras de los años ‘ 70.
Nos detendremos, brevemente, en dos de los ejes de una producción en permanente replanteo de sí misma.
Bestiarios
“Hacia 1947 (…) nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito…Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que (…) el manuscrito estaba en la imprenta; (…) el cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula ‘Casa tomada’ “ señala Borges (“Grandes escritores latinoamericanos”, diario pág. 12- Nro. 28, Julio Cortázar, pág. 436).
Es el gran escritor quien lo descubre como narrador en una concepción nueva del relato fantástico. Cortázar es muy conciente de la novedad de su propuesta. No obstante, Bestiario (1951), resulta un fracaso inicial y sólo alcanza la consagración posteriormente.
A la manera de los bestiarios medievales, poblados de “Seres de naturaleza ambigua, cuyos cuerpos invadidos por fuerzas demoníacas han sido infectados de una naturaleza incompatible: humanos donde asoman cuernos de cabrío; lenguas bífidas en rostros angelicales” (obra citada, pág. 438 “Los bestiarios propios”) en los relatos de Cortázar aparecen personajes que se muestran de una manera pero encarnan fuerzas no visibles: Delia es en realidad la diosa Circe que pretende atraer a sus pretendientes y víctimas con extraños bombones. En Casa tomada se introduce un elemento invasor que se instala en el espacio y la cotidianidad de los hermanos; un elemento presente pero invisible e innombrable, narrado siempre desde sus implicancias. La literatura no participa de la ilusión de un mundo cognoscible. La realidad no es unívoca, sino que precisamente es más allá de lo visible. La remisión a bestiarios medievales sugiere que esto fue siempre así y sólo algunos pudieron percatarse de ello, y que la creencia en el mundo tangible –en la que todos vivimos- es ficticia.
La ficción es así ruptura de lo real. El estilo instala una duda sobre lo que es. Va más allá de sí: “Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que servirán para nada” (“Las babas del diablo”, de Las armas secretas, 1959). La escritura abandona una concepción realista; al hacerlo suceden dos cosas: instala un núcleo de perplejidad y vuelve central el protagonismo del lenguaje. No hay coerción posible para un discurso que no se propone reflejar las cosas sino algo diferente.
Una incertidumbre esencial
La reflexión sobre la novela –señala el crítico Jaime Alazaraki- (Cortázar. Obra crítica/2) ya se encuentra en ensayos anteriores a la consagración como escritor –sustentada en muchas y profundas lecturas- pero se encuentra cristalizada con total madurez en Los premios (1960), su primera novela.
La propuesta narrativa coloca a una serie de personajes que han ganado un premio consistente en la realización de un crucero. El azar establece el mundo ficcional y se convierte en motor de un mundo desconocido e ingobernable. No se sabe en qué barco será llevada a cabo la travesía ni su destino: “Hace rato que he renunciado ya a entender este asunto –dijo Paula- “(Los premios, biblioteca Julio Cortázar, Alianza Editorial, 2010, cap. IX, pág. 36). Persio, un esoterista, personajes peculiar y distante, ve a los demás no como seres sino como constelaciones que forman parte de un orden universal que es incomprensible: “Empieza con la lotería- dijo Persio muy serio-. Un juego de bolillas ha elegido a unos cuantos hombres y mujeres entre varios miles. A su vez los ganadores han elegido sus acompañantes…Nada hay de pragmático ni de funcional en la ordenación de la figura” (cap. X, pág. 41).
Hay pasajes -instancias de reflexión de Persio- que interrumpen el discurrir de los hechos y los comentan, a la manera del coro de las tragedias griegas.
La llegada al puerto se produce en medio de la noche, como si en realidad se penetrara en otro universo, y constituye una muestra acabada de la escritura cortazariana, contenida, precisa y original en su modo de enfocar lo narrado y decirlo: “El autocar se había detenido junto a uno de los galpones de
El humor con el que son presentados los personajes refuerza este sentido lúdico.
La explicación es tan inabordable como la oscuridad del puerto: pueden estar todos muertos, pueden estar vivos. La narración se cierra sin una certeza acerca de lo que ha sucedido.
Hay coincidencias con la realidad pero nada termina por encajar del todo en lo real. Cortázar continuará explorando esta narrativa en diversas formas, en obras como Rayuela (1963) o 62, modelo para armar (1968).
Militancia
Luego de su visita a Cuba se consolida una postura ideológica que busca acompañar con una revolución del lenguaje a la revolución del hombre y la realidad continental. Apoya procesos revolucionarios, como el que combate a la dictadura de Somoza en Nicaragua. Varios de sus textos formarán parte del plan de alfabetización que organiza el gobierno posteriormente.
En 1981 es declarado ciudadano francés por el presidente Mitterand.
Uno de sus allegados señalaba que cada vez que, ya enfermo, debía someterse a sesiones de tratamientos médicos contemplaba sus libros y sus discos como si se despidiera.
En 1983, con la restauración democrática, regresa a
Falleció nueve semanas más tarde de dejar
Cortázar pugnó siempre por establecer una relación realizadora con un lector activo y crítico, y más allá de ciertos lugares comunes que suelen estar asociado a su obra, produjo una escritura destinada a mucho más que a dar cuenta de las cosas.
Eduardo Balestena
ebalestena@yahoo.com.ar

